La inmigración y el estigma del bilingüismo

Contrariamente a lo que uno pueda pensar, ser bilingüe no es un privilegio reservado para unos pocos. Además, según datos oficiales, hay más personas bilingües que monolingües en el mundo. Entre las causas del bilingüismo, podemos identificar ser parte o haber sido parte de un proceso migratorio, ya sea voluntariamente o no. Esta última categoría se aplica en gran medida a los hijos de inmigrantes. Cuando la inmigración está motivada por un esfuerzo concertado para buscar un futuro mejor o incluso una mera supervivencia, el lugar de origen puede acabar convirtiéndose en una carga que los hijos de los inmigrantes, tanto si nacen en el lugar de destino como si llegan como bebés junto con sus padres, tienen que soportar si la condición de ser de cualquier lugar puede convertirse en un obstáculo para su integración efectiva en la nueva sociedad. Entre los muchos obstáculos que hay que superar a la hora de abandonar el país de origen, la barrera del idioma suele estar en la mezcla. No se trata sólo de aprender la nueva lengua, que puede incluir un nuevo sistema de escritura y una dirección diferente de lectura y escritura (de izquierda a derecha, o viceversa), sino también de gestionar el problema que surge del uso de la lengua materna del inmigrante? A primera vista, para los inmigrantes, su lengua materna puede proporcionar una especie de estructura de apoyo y familiaridad cuando se enfrentan a la avalancha de estímulos visuales y sonoros desconocidos. Sin embargo, para sus hijos, la lengua de los padres puede resultar un estigma no deseado, especialmente si el país en el que se habla esa lengua no goza de gran estima, sino que es menospreciado en el país de destino. Según algunos sociolingüistas, la primera y segunda generación de inmigrantes tiende a querer identificarse lo más estrechamente posible con la gente y la cultura del grupo lingüístico mayoritario. Luchan por liberarse del idioma que han traído del extranjero. En los Estados Unidos, por ejemplo, los hispanohablantes a veces desean ser monolingües y sólo hablan inglés para olvidarse de la identidad de su país de origen y ser como cualquier otra persona monolingüe. Resulta que nuestra identidad y el idioma que hablamos están fuertemente ligados. Por lo tanto, cuando la preservación de la identidad cultural que los inmigrantes desean otorgar a sus hijos no contribuye a su integración en la sociedad receptora, el bilingüismo puede terminar siendo más una cruz que una ventaja.

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